My own Covid-19 sickness

Mi experiencia propia con la covid-19


La covid-19 ha sido un tema de discusiones bastante tiempo ya. Yo misma tuve una cita íntima con el nuevo coronavirus al final del año pasado y francamente la experiencia no me gustó para nada. Aun así la enfermedad, por más que fuera dolorosa y agotador, también me dio la oportunidad de entender el virus en su profundidad y de darme cuenta de su papel importante para el planeta. A continuación, comparto mi experiencia y aprendizaje.

Vyara

Dolor, sufrimiento y sanación profunda al mismo tiempo

Seguramente muchos se preguntan ¿Por qué la covid? ¿Por qué globalmente? ¿Y por qué ahora? Yo misma he tratado de responder a estas preguntas en artículos previos. Pero entonces no hablaba de experiencia propia sino expresaba teorías sin haber verificarlas. Pues, ahora he podido verificar por lo menos una de mis teorías y me gustaría compartirla.

Ya hemos escuchado de conexión y unidad y de que la covid puede acercarnos a estas experiencias ya que la pandemia nos afecta a todos. Sin embargo, a mí me parece que en vez de unidad estamos manifestando cada vez más separación: los gobiernos toman decisiones controversiales (especialmente en países donde hay elecciones durante la pandemia), aproximadamente la mitad de la gente está en contra a las restricciones (mientras la otra mitad quiere más restricciones) y, más recién, las vacunas llegan exclusivamente donde hay dinero.

Entonces, ¿Qué nos estamos perdiendo? ¿Cuándo finalmente aprenderemos la lección? ¿Y cuál es la lección que todavía no entendemos y así prolongamos el sufrimiento?

De hecho, la covid nos da una pista bastante obvia sobre el Qué es lo que tenemos que aprender y también cómo hacerlo. Lo que los enfermos de covid sufren y de lo que a veces mueren es falta de aire. Curiosamente (o no tanto), el aire es lo que nos une a todos. Si puedo usar una observación de Jessica Dibb, podemos distinguir entre diferentes grupos de gente basándonos en racas, profesiones, géneros, edad, apariencia, etc. Pero hay un criterio que en su aplicación nos lleva automáticamente a la unidad – la respiración. Así, a pesar de lo que creemos, preferimos y sufrimos, todos pertenecemos al grupo de los respiraderos. Y la respiración (que según mi experiencia propia es la emanación del espíritu), es lo que nos conecta y nos da el sentido somático de unidad. PERO solo si le prestamos atención.

¡Sorpresa! La covid dirige nuestra atención precisamente hacia la respiración. Así, la covid nos pide que vivamos una vida más espiritual: una vida donde nos sentimos conectados y vivimos en el presente. Importantemente, a través de resaltar el aliente la covid nos muestra no solo la lección que tenemos que aprender (la lección de la unidad), sino también la manera de aprenderla – precisamente a través de practicar respiración consiente.

Indudablemente, la respiración consiente es lo que nos puede dar una experiencia directa de espiritualidad. Yo personalmente aprendí eso cuando fue infectada con el coronavirus y empecé a sufrir falta de aire. Eso me motivó a buscar métodos de respiración, ante todo para sobrevivir. Sin embargo, lo que sucedió superó todas mis esperanzas. Cuanto más practicaba diferentes maneras de respiración consiente, tanto más se disolvía mi experiencia de separación. Poco a poco empecé a sentirme mucho más ligera, feliz y, por supuesto, muy conectada con el resto del mundo. Y de pronto me di cuenta de que me estaba curando de una enfermedad definitivamente no causeada por el nuevo coronavirus, sino solo destacada por él.

Desgraciadamente, todo el planeta está enfermo de esa misma enfermedad – la enfermedad de separación. Y es por eso que nos enfrentamos con una pandemia global. Esta pandemia ha podido destacar claramente la profundidad de la patología que sufrimos, o sea la falta de aliento y conexión por todo el mundo. Prácticamente, la covid es solo la luz roja que señala un motor roto. Y no se irá hasta que nos demos cuenta del problema real, lo cual es nuestra desconexión de la espiritualidad. Es que ya hemos alcanzado el apogeo de la separación. Por lo tanto, la covid está gritando: ¡Usen el aliento y conecten!

A la vista de ello, les sugiero a todos que empiecen a incorporar prácticas de respiración consiente en su vida. El hablar de unidad no nos ayuda a sentirla. Por el contrario, las prácticas de respiración consiente hacen exactamente eso. Pruébenlas ustedes mismos y les prometo que nunca volverán atrás. Faltan solo unas cuantas respiraciones consientes para cambiar el punto de vista y así abrir la puerta de un mundo nuevo y mejor.

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