El mejor amigo y el peor enemigo del alma

El alma (nuestro sanador interno) habla al cuerpo. Luego el cuerpo trata de hablar con la mente pero la mente no escucha. ¿Qué pasa después? Todos hemos escuchado del trio “cuerpo-mente-alma”. Aun así, ¿qué tipo de conexión exactamente hay entre los tres? ¿Cómo afecta esa conexión en la sanación? Y por último, ¿Qué podemos hacer para restaurar dicha conexión y así optimizar el proceso de sanación? Estas son las preguntas que trato de responder en el artículo de hoy.

Vyara

Alma-cuerpo-mente: ¿qué pasa cuando la conexión se rompe?

El alma es nuestro sanador interno. Ella toma algunos de los problemas pendientes del mundo, se hace amiga de algún cuerpo, y le empieza a hablar para sanar estos problemas. Así, el cuerpo se convierte en el mejor amigo del alma. Luego el cuerpo trata de comunicarse con la mente (a través de dolor y otros síntomas). Sin embargo, la mente no escucha y así se convierte en el peor enemigo del alma. Por lo general, la mente sirve al ego, se sobreidentifica con el cuerpo (con el “yo”), y se toma las cosas demasiado personalmente. ¡Mira por lo que estoy pasando “yo”! ¡Pobre “yo”!

Es que no se le ocurre a la mente que si se tomara la vida menos personalmente, disfrutaría de más felicidad. La mente no entiende que el dolor es universal y aunque sea inevitable también se puede sanar – si tan solo depersonalicemos la vida y dejemos de crear sufrimiento sintiéndonos víctimas. La verdad es que no somos víctimas. Somos instrumentos de sanación. Y para realizar esa sanación, tenemos que ver las cosas desde una perspectiva más amplia y darnos cuenta del papel que desempeñamos en el universo. Hay que entender que el dolor que trato de sanar yo es también tu dolor y su dolor. Es decir, dolor es dolor y es una de las cosas que nos une y la sentimos porque la tenemos que sanar para el bienestar del universo (de lo cual, por supuesto, somos una parte integral).

La comprensión de que el dolor del cuerpo es la llamada del alma a sanar algo más grande que el “yo” (o sea, algo fuera del cuerpo con lo que me sobreindentifico normalmente), es el primer paso hacia libertad y felicidad. Es cierto que el dolor es inevitable. Sin embargo, el sufrimiento es un resultado directo de la historia que la mente cuenta al mundo para obtener auto importancia. Por lo tanto, el sufrimiento es innecesario y evitable. Aunque no podamos elegir la música que la vida toca para nosotros, podemos elegir cómo bailar. Y la clave para poder hacer esto es desarrollar una mente abierta y flexible, una mente capaz de observar objetivamente y permanecer neutral a los mensajes que recibe (del alma a través del cuerpo) en vez de inventarse historias de victimismo.

Ahora, si el alma (el sanador interno) habla directamente al cuerpo, la mente tiene que estar en sintonía con el cuerpo para poder escuchar la llamada de sanación del alma. Importantemente, estar en sintonía con el cuerpo significa estar en el cuerpo pero no identificarse con él (ya que en realidad extendemos fuera del cuerpo y estamos conectados con el resto del universo). Entonces cuando la mente está en sintonía con el cuerpo, se conecta con lo individual y lo universal y así obtiene la información necesaria para sanación.

Y bien, ¿Qué hacer para que la mente se sintonice  con el cuerpo? Esa sintonización se alcanza a través de prácticas de meditación, introspección, contemplación y oración, es decir prácticas que “silencian” a la mente. Por supuesto, sesiones de BodyTalk también sirven de grand ayuda. De hecho,  el BodyTalk es una terapia diseñada precisamente para facilitar la comunicación con el cuerpo y “escuchar” los mensajes del alma que el cuerpo transmite. Además, el BodyTalk puede ayudar a silenciar la mente (y así el cliente tendrá más habilidad de solucionar problemas por sí mismo en el futuro).

Y por último, para aliviar el dolor, dirige el foco de tu mente hacia el otro. Es cierto que a veces nos resulta difícil mantener objetividad cuando se trata de nosotros mismos. Pero si nos enfocamos en el dilema de otra persona, podemos ser más neutrales y objetivos. Por lo tanto, escucha bien los consejos que das a los demás y los aplica en tu propia vida porque te van a servir de maravilla. Recuerda que todos somos muy similares y que las diferencias superficiales son el resultado de una mente ruidosa, caótica y asustada.

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